Cada fin de capítulo es un “hasta luego”, un “mañana nos vemos a la misma hora”.
Ojeo el grosor, falta poco para el epílogo, para el último adiós, para el hasta nunca, Dagny.
La conocí hace unas semanas y desde entonces la veo a diario, antes de lidiar con el sueño. Bioshock tuvo la culpa, me habló de Ayn Rand, me presentó su gran obra maestra, La rebelión de Atlas. Ahí la conocí.
Entre una de las incontables páginas esperaba mi presentación, quedé prendido de su gran poder, de su atracción. Cuanto más la leía más enamorado, más la quería, menos deseaba el fin de la imaginación de Rand.
Andando en las frías calles, nunca se detiene, siempre consigue lo que quiere; eso es lo que me enamora. Su sensualidad, a pesar de trabajar en “labor de hombres”, nunca utiliza sus “armas de mujer” y no por carecer de perfecto busto el cual solo los ojos de Rearder y d’Anconia han podido acariciar. No es una Femme fatale, no es protagonista de una película de venganza sino de sucios sueños húmedos.
La amo. Aunque no sepa su futuro, podría y desearía dejar de leer el libro para dejar que ese sentimiento permaneciera inmortal, mientras que a su vez deseo volverla a imaginar envejeciendo con el pasar de las hojas.
La sensualidad – que se lo digan a Sharon Stone – no es el vaivén de un trasero anónimo tapado por una corta falda, tampoco es el botón adecuado abierto en un escote prominente. La sensualidad es el placer egoísta de que deseen lo inalcanzable. La sensualidad es un nombre: Dagny Taggart.
…
Hay una delgada línea entre la sensualidad y lo vulgar, ordinario o grosero; el significado se confunde por la reiteración del significado.
En el mundo virtual. La única mujer que mi mente asocie con Dagny Taggart es Alyx Vance.
Alyx más que compañera es nuestra guía en la lucha contra la Alianza. A lo largo de la trama de Half Life 2 (2004), ella no se insinúa, no enseña un pecho, no provoca al jugador con poses eróticas. Sin embargo, cada vez que los caminos se separan – más en el segundo episodio – la soledad es la misma que la de cerrar el libro.
La diferencia de ambas protagonistas con el resto es su pleno transfondo.
Una de las tramas de la historia de Ayn Rand, cuenta como una muchacha sueña con poder construir la mejor compañía de trenes y como se enfrenta a los problemas hasta solucionarlo. Mientras que Marc Laidlaw descubre la historia de la joven Alyx que sueña con una vida mejor. A medida que paso las páginas o completo niveles, voy descubriendo su pasado y su futuro, seduciéndome sus personajes.
Desgraciadamente no recuerdo ningún otro ejemplo, ningún otro nombre recupero de mi mente – o de mi corazón – aunque sí hay mujeres que se desnudaron – hasta que la cámara pasó a otro plano – de las cuales pude disfrutar los cinco minutos de cinemática de la misma forma que hice con alguna de las escenas de Lucía y el sexo. Aunque ni siquiera me masturbé.
El sexo en este sector, cuando no es tabú, está al mismo nivel que las películas porno de usar y borrar. Escenas de sexo realistas con humanos o extraterrestres, tetas y besos, jadeos y gritos. Después, los protagonistas se separan, cada uno por su lado.
Es cierto y cada vez más asumido que la industria está creando a raíz del núcleo grandes bandas sonoras, escenas con grandes efectos especiales nunca vistos en la pantalla grande, épicos guiones… ¿es posible que también ofrezca en un futuro escenas de sexo mejores que las de su plataforma original?.
Es más que posible ya que los videojuegos ofrecen lo que las películas no, la interactividad. El problema es que los ya casos que ha habido copiaban las ideas de la plataforma, no existía interactividad más allá que la de pulsar un botón para seguir con el diálogo, era un mensaje al – túmbate y disfruta, sr. voyeur -.
Creo tan necesario el sexo como la sensualidad del mismo modo que también existe la violencia en el juego. Si el desenlace de una agresión es la muerte ¿Por qué la finalidad de un beso es un corte de plano, un fondo negro, una escena explícita? No es un grito a la libertad, es la necesidad tanto por el trasfondo de los personajes, de la historia misma y del disfrute del jugador.
- Ilsa: “¿Nuestro amor no importa?”
- Rick: “Siempre tendremos París. No lo teníamos. Lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca; pero lo recuperamos anoche…”
Dedicado a: Jaime “Rearden” y a Leticia “Taggart”
| Ayn Rand “La Rebelión de Atlas“